viernes, 16 de diciembre de 2016

El destino...

Vivir en tiempos de post guerra en Alcobendas era duro, muy duro. Y más para una mujer.  Andrea tenía veintiocho  años, pero para la mayoría de los vecinos ya era mayor para casarse y, sobre todo, para tener hijos. Perdió a su novio Fernando antes de que se iniciara la guerra, huyendo junto a su padre y hermanos a Argentina.  La noche antes de su partida le juró amor eterno y la promesa de regresar a por ella cuando la guerra terminase. 

Habían pasado dos años desde que la guerra finalizase, y nueve sin recibir ni una sola carta de Fernando, por lo que había perdido toda esperaba de regresar a su lado, ni en las Américas soñada, ni en la Españrepleta de miseria y hambre, fruto de una guerra sin sentido como consecuencia de los egos y sueños idealistas de los hombres.  

Sus días transcurrían sin pena ni gloria. Trabajaba asistiendo en la casa de la familia Baena, la cual disponía de muchísimas tierras que las dedicaban a los menesteres de la siembra y labranza. En la casa, situada en la plaza del pueblo, justo en frente de la iglesia y lindante al ayuntamiento, se levantaba majestuosa y predominante, como símbolo de riqueza hacia todas las demás, servía desde antes de que cantara el gallo, y hasta que el sol se escondiera por tierras extremeñas . 

Allí trabajaba junto a Francisca, una mujer de cincuenta y dos años, madre de dos hijas, y viuda a causa de la guerra, con la que había estrechado unos fuertes lazos de amistad. En sus ratos libres caminaban por el sendero que se dirigía hacia la ermita. Una vez allí se sentaban en unos bancos de madera viendo el hermoso paisaje que dejaban las tardes de Alcobendas, con el cielo anaranjado sobre la cordillera de montañas nevadas que presidían las vistas. La ermita estaba rodeada de unos inmensos cipreses. Francisca le contó que los antiguos judios, plantaban un ciprés cuando en sus familias nacían niñas, y que en la cultura mediterránea se asociaba a la muerte, dado que su forma recta y espigada ayudaba a subir a las almas de los difuntos al cielo. Por eso los cementerios están repletos de estos árboles.  


- Eres joven Andrea, y en el pueblo jamás encontrarás mozo que quisiera casarse contigo. Estás señalada por todos, que viven lastrados en costumbres de nuestros abuelos, y no entienden que una mujer es siempre mujer, sin importar la años que se tengan.- le dijo.  

Lo sé, Francisca. Pero, ¿a donde voy con mi edad?. 

Ve a Madrid. Allí la vida se mide de otra manera. No es el pueblo, que vive aún de labrar los campos y la recolección de las tierras de los Baena. Hay fábricas donde seguro podrás encontrar un trabajo y aprender oficio. 

¿para qué?. Mi abuela antes de fallecer me leyó las.      cartas y me pronosticó que jamás me casaría ni tendría hijos.  Y lo único que heredé de ella fueron precisamente esas cartas.

Lo único que te puedo decir es que en Alcobendas será tal y como te vaticinó tu abuela.  Vive, respira, siente... Si las mujeres queremos desempeñar papeles importantes en el futuro será por mujeres valientes.

Esa noche Andrea no pudo pegar ojo. Meditó las palabras de Francisca y empezó a soñar despierta. Se levantó antes de que cantara el gallo, recogió unas pertenecías y las introdujo en una maleta pequeña de madera. Cogió el dinero que tenía ahorrado y lo escondió en su refajo. Antes de salir por la puerta, recordó las palabras de su abuela y lo que le dejó en herencia: la baraja española con la que le había pronosticado su futuro.  Retrocedió hasta la habitación para sacarlas de un cajón del armario. 

Hacia frío. La escarcha dejaba un colorido blanquecino sobre los hierbajos que crecían en los terrenos próximos al camino de la ermita. El sol estaba asomando a espaldas de la ermita y los cipreses empezaron a brillar gracias a los diminutos cristales de hielo que estaban adheridos a sus hojas perennes.  Al llegar a la ermita, Andrea miró las maravillosas vistas que desde ahí había. Respiró profundamente el gélido aire de la mañana, y comenzó a   recoger algunas hojas y ramas secas, unos trozos de madera de alguna chasca que alguien dejo allí, y entre el hueco existente de dos cipreses, hizo un pequeño fuego. Cuando esté se consolidó gracias a la madera, sacó las cartas y, una a una, empezó a quemarlas mientras leía una una, tal y como hizo su abuela con ella. 

Quemada toda la baraja y apagado el fuego, sus lágrimas empañaban la clara visión que el sol dejaba sobre el bello paraje donde estaba enclavada la ermita. Se secó sus ojos con un pañuelo de hilo fino, y encaminó sus pasos hacia la plaza. Al llegar a ella, se sentó en un banco de piedra para esperar a que llegara el autobús.

Ya montada en él, se juró que su futuro lo escribiría ella.  Madrid la esperaba... Para siempre.


Esta entrada esta dedicada a mis amigas de Mujeres 11.  Andrea hoy en día sería sin lugar a duda, una Mujer 11, como vosotras, como todas esas mujeres anónimas que encajan en esa denominación y en ese espacio. Gracias también a Loli, por haberme dejado escribir alli, y donde he crecido un poquito junto a todas sus historias. 

The winner takes it all

16 comentarios:

  1. Muchas gracias Juan, en mi nombre y en el de todas las Mujeres 11. Es un honor recibir la dedicatoria de un relato tan bonito y tan emotivo como este. Enhorabuena

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias a ti. Tu me dejaste escribir en tu espacio y no podía dejar pasar la oportunidad de hacer algo por y para vosotras. Gracias Jefa.

      Eliminar
  2. Respuestas
    1. Gracias a ti por regalarme un poco de tu tiempo para leer mi relato. Un beso

      Eliminar
  3. Precioso Juan y muchas gracias por acordarte de nosotras!n

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. No es acordarme. Creo que soy un poco de vosotras. Un beso y muchas gracias.

      Eliminar
  4. Qué bonito Juan... el futuro se escribe cada día. Un besazo. Mjosé ;)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Y es un futuro que escribís como vosotras queráis. Es vuestro tiempo. Un beso guapa

      Eliminar
  5. Un relato muy inspirador, Juan. Nadie debería conformarse y dar por bueno lo que los demás piensan de él, sea hombre o mujer. Cada uno debe buscar su historia, cada uno debe escribir su futuro con sus propias palabras y según le dicte su corazón... Me ha encantado!!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Si lo dice alguien, con la que quiero sentarme en un futuro en la feria del libro, son palabras mayores. El futuro es vuestro y deberíais de escribirlo a cada paso, en cada huella que dejáis, en cada acción de vuestras vidas. El futuro es de las mujeres valientes. Un beso grande compi.

      Eliminar
  6. Sigue escribiéndolo. ... quien sabe en qué puede acabar.... sigue que aquí estaremos para leerte....

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Todo se andará amiga. Es cuestión de ponerse.. Y yo soy escritor de retos. Un beso y gracias por regalarme un poco de tu tiempo. Besos

      Eliminar
  7. Buen escritor, buen hombre, buena persona

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. No tanto como usted, buen amigo. Un fuerte abrazo. Y gracias por regalarme un poco de tu tiempo

      Eliminar
  8. Hola me ha encantado el relato que recuerdos me ha traido un abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias por tu tiempo. Y espero verte por esta, la que es tu casa. Besos

      Eliminar

Tanto si te gusta como si no, déjame tu comentario. Me servirá para aprender.